LAS DIANAS
ESPACIO DE GÉNERO DE CONVOCATORIA SEGUNDA INDEPENDENCIA
EN HONOR Y HOMENAJE A DIANA ALAC Y A PARTIR DE ELLA DE TODAS LAS MUJERES QUE HAN LUCHADO Y DIERON SU VIDA POR UNA PATRIA LIBERADA

DIANA ALAC fue una gran dirigente, de una de las estructuras organizadas revolucionarias en los años Setenta.
Organizó y dentro de ella fue una de las dirigentes de la Rama Femenina de la Tendencia Revolucionaria.
Organizó y condujo grandes luchas obreras protagonizadas por mujeres y también por hombres.Todavía se la puede recordar al frente de una columna de veinte mil obreros, conduciendo a los Trabajadores y Trabajadoras que salieron masivamente desde decenas de fábricas de la Zona Norte del Gran Buenos Aires, marchando por la General Paz en aquellas históricas jornadas de 1975,  enfrentando al Gobierno de Isabel Perón y López Rega. Estamos hablando  del histórico "Rodrigazo".
DIANA ALAC fue una luchadora, una dirigente de trabajadores y trabajadoras. Fue una revolucionaria. Vivió para luchar por la Liberación Nacional y construir una Argentina sin explotadores ni explotados.  Una Patria Socialista.
DIANA ALAC fue además una oficial de la Organización Montoneros. Y en ese carácter compartió estructuras, ámbitos de funcionamientos y luchas políticas y militares junto a sus compañeros varones.
Su figura se inmortalizó en aquel discurso encendido de un 26 de Julio de 1974 de un Luna Park repleto y desbordante de miles mujeres revolucionarias y montoneras, instándolas a luchar contra la Burguesía y contra el Imperialismo, donde llamó a no dar cuartel en la lucha contra la burocracia política y sindical peronista -que era parte del Gobierno- y que se derechizaba día tras día.
Jamás pesó en Diana que la lucha de clases se desarrollara contra un Gobierno elegido por voto popular. El voto no dice nada o dice mucho cuando se traiciona el mandato del pueblo y se elige el camino de profundizar la explotación capitalista. Por eso Diana Alac no titubeó (como hicieron muchos y muchas) cuando hubo que enfrentar al propio General Perón.
Diana Alac luchó hasta el último minuto de su joven vida. Hoy es una más de los miles de desaparecidos y desaparecidas de nuestro Pueblo.
Las compañeras de Convocatoria SEGUNDA INDEPENDENCIA de distintas provincias, reunidas en La Patagonia levantamos ahora el nombre de Diana como una referente de las luchas reales y concretas, de las luchas colectivas. Porque para nosotras no hay lucha sin Organización Política  que las conduzca.            
Hablamos de luchas por el Poder para construir otra Sociedad. Y en ellas y en su historia nos reencontramos con DIANA ALAC.

INTRODUCCIÓN.
LAS LUCHAS DE GÉNERO EN EL MARCO DE LA LUCHA DE CLASES.
Entendemos que en la lucha de género coexisten distintos posicionamientos ideológicos. Las Dianas partimos de una concepción clasista y combativa, decisivamente de lucha frente al sistema  patriarcal y capitalista, sin aceptar ningún tipo de opresión.
Y desde ese lugar, instamos a las compañeras, las jóvenes, las mayores, las trans, las que pertenecen a diferentes opciones sexuales a integrarse a Las Dianas para avanzar en este camino que nos proponemos. Concebimos nuestra liberación sectorial o de género  inscripta en la lucha por la toma del poder que permita construir una sociedad que pueda hacer posible ese objetivo. (En Argentina o en cualquier lugar del mundo).

LA VIOLENCIA DE GÉNERO EN NUESTRA VISIÓN DE LA HISTORIA.
Las rebeliones y las luchas por la dignidad de nuestros pueblos siempre fueron violentamente reprimidas. A lo largo de la historia, las mujeres hemos sido objeto de  las políticas más cruentas y feroces, pues no se nos perdonaba que ocupáramos otro lugar que el  de servidumbre y explotación que las clases dominantes nos tenían reservado.
La imposición en toda  Latinoamérica del sistema imperialista y patriarcal en primer término y capitalista después, destruyó las formas de organización política, cultural y comunitaria sostenidas por los pueblos originarios a través de los siglos y desconoció el rol fundamental que cumplían las mujeres en sus culturas.
El colonialismo español, inglés y portugués ha producido grandes genocidios en los que los pueblos originarios fueron masacrados sin piedad o sometidos a la peor de las explotaciones.
A partir del primer colonialista que pisó nuestra América comienza una guerra con altísimos niveles de enfrentamiento en algunos períodos importantísimos que se caracterizaron siempre por un alza en las luchas de nuestras poblaciones.
La “Memoria larga” de las luchas de los pueblos, nos dice que las mujeres  además  fueron el objetivo principal del genocidio  colonialista para garantizar el exterminio de los pueblos. En todos los hitos de la historia latinoamericana siempre hemos sido las mujeres las más castigadas, las más masacradas, las más humilladas.  Aún así,  aunque injustamente se haya pretendido invisibilizar las luchas,  no pudieron evitar que trasciendieran en la historia, grandes líderes,  Cacica Gaitana, India Juliana,  Micaela Bastidas Puyucahua, la compañera del Gran Tupac Amaru, asesinados ambos con la peor crueldad,  o Bartolina Sisa, solo para dar dos ejemplos entre miles de mujeres originarias que fueron muertas en las grandes batallas libradas por los Pueblos originarios junto a sus compañeros, sus hijas e hijos.
Ahí las vemos a las collas y las Quilmes resistiendo  el patriarcado Inca primero y luchando después contra el colonialismo español en las insurrecciones de los Valles Calchaquíes en la actual provincia de Jujuy a más de dos mil kilómetros de nuestra actual Buenos Aires. Cien mil Quilmes fueron a prisión -en su mayoría mujeres junto con sus niños y niñas- y fueron obligados a caminar dos mil quilómetros hacia el Sur, hacia Buenos Aires. Sólo llegaron 15 mil mujeres heroicas guerreras de lo que después fue la Argentina.
Las vimos por cientos en la hermana república de Chile, colgadas de los árboles en las rebeliones de Caupolicán, como actualmente sucede con la lucha inclaudicable de las mujeres mapuche y de otros pueblos originarios de  Latinoamérica en defensa de su  territorio ancestral.
Ya más cerca en el tiempo, hacia fines del siglo XVII cuando nuestros patriotas latinoamericanos irrumpen con furia contra tantos siglos de genocidio y explotación, también estuvieron las mujeres como parte indispensable de ese proceso.
Podemos nombrar a la Gran Manuela Saenz, compañera del Libertador Simón Bolívar y alta oficial del Ejército de lo que fue en esos años la Gran Colombia. “Yo soy la amante de Bolivar y lo amo” dijo, “pero las jinetas de coronel no me las gané en la cama del General, sino en los campos de batalla contra los realistas”. Ella representa uno de los íconos del feminismo en Latinoamérica y en el mundo, con el desafío que ello significaba serlo en el Siglo XVII.  Manuela formó parte de la comitiva de  100 mujeres reconocidas como “Caballerezas de la Orden del Sol” que fueron condecoradas por su heroísmo y arrojo en las batallas por otro grande de la época, nuestro Libertador General San Martín.
Iniciado el proceso de nuestra Primera Independencia se conforman las primeras milicias patrias y las mujeres (argentinas ya) no dejan de poner su cuerpo, su espíritu y sobre todo su sangre, en las luchas independentistas.
Ahí está la gloriosa Juana Azurduy, gran Capitana de nuestros ejércitos patrios, que al mando de mujeres y hombres soldados, desarrapados, mal armados, y en las peores condiciones contuvieron los poderosos ejércitos españoles, los más modernos y mejor entrenados de la época.
También podemos nombrar a María de los Remedios del Valle,  la negra esclava que luchó en los ejércitos libertadores, que llegó a ostentar el grado de Coronela.  Valiente como pocos, perdió su compañero  y cinco hijos en combate, fue hecha prisionera y torturada,  sin embargo, escapó y siguió luchando. Se  la llamó Madre de la Patria y condujo cientos de hombres en batalla, hombres blancos muchos de ellos, a pesar de ser una negra que había sido esclava. Cientos de mujeres fueron masacradas, hechas prisioneras, violadas,  asesinados sus hijos e hijas y sometidas a esclavitud.
 Ya con la Argentina como nación,  las mujeres fueron el pilar fundamental en todo el proceso de más de cincuenta años de guerras civiles donde se enfrentaron encarnizadamente dos proyectos de país. Uno de ellos dirigido por las clases dominantes y otro que pretendía un país con Justicia Social y Equidad.
Entre 1850 y 1900 en Argentina se llevaron adelante verdaderas masacres de distintas formas, casi seis millones de personas, básicamente pueblos originarios, negros esclavos y gauchos pobres que se levantaron en armas contra las políticas centralistas -porteñas en general-, ligadas al colonialismo inglés y francés. También allí, fueron las mujeres quienes engrosaron fatalmente las estadísticas. Porque como se reconocía en aquellas épocas “las mujeres valen doble, valen por sí mismas y por sus hijos, o por los hijos que puedan llegar a tener”. Al matar a una mujer india, negra, mestiza o pobre se impide la procreación de esos sectores.  Eso se hizo en la Argentina. Las machis fueron las primeras perseguidas y asesinadas en las comunidades mapuches. Y aún hoy se las persigue.                                                              
Posteriormente,  esos seis millones fueron reemplazados por una cantidad similar de inmigrantes, básicamente europeos blancos. Llegaron también mujeres, mujeres pobres de toda pobreza que,  humilladas como sus antecesoras  originarias fueron esclavizadas en los prostíbulos o sirvieron de mano de obra barata para construir “la nueva Argentina blanca y agroexportadora”...
Así se fundó la Argentina actual, el país más europeo de América Latina, una argentina blanca que no registra el rostro originario.

Iniciado el siglo XX las mujeres cobraron mayor protagonismo en las luchas. Para el anarquismo, eran compañeras y hegemonizaron muchas de ellas. Una de las más conocidas fue La Huelga de las Escobas, absolutamente dirigida por las mujeres que con sus niños y niñas, lucharon contra los alquileres abusivos de sus habitaciones en los conventillos, sufriendo por ello una represión feroz.  Muchas fueron expulsadas de Argentina por la Ley de Residencia o  sus hijos e hijas les fueron quitados por la Ley de Patronato de Menores.
Durante todo el proceso de industrialización masiva de la Argentina millones de argentinos y argentinas pobres llegaron a las grandes ciudades a trabajar sin derecho alguno bajo un sistema de explotación capitalista impiadoso, que se llevaba la vida de miles de trabajadores y trabajadoras, sea en las propias tareas, sea en las grandes represiones. En ese marco, las trabajadoras industriales reclamaron sus derechos como obreras y como mujeres.                                                                                    
También en las luchas de la Patagonia Rebelde de 1920 tuvieron como protagonistas a las mujeres. Uno de los casos más simbólicos fue el conocido como “Las putas de San Julián”, que fueron las prostitutas europeas que se negaron a tener sexo con los oficiales del Ejército en  repudio a las matanzas de los peones rurales.
Desde mediados del siglo XX en adelante aparece con mayor nitidez la mujer argentina abriéndose paso en un país machista y patriarcal, tomando y arrebatando sus derechos sin permiso. Ya hacia fines de los ‘60 y ‘70 tuvimos uno de los hitos de heroicidad más alto de nuestra Argentina, donde las mujeres trabajadoras, guerrilleras, dirigentes sindicales, combatientes,  lucharon coco a codo con los compañeros durante más de veinte años de dictadura militar y fueron en la Argentina de esos años como un foco luminoso que irradió al resto de Latinoamérica.
Miles de mujeres combatientes en todo el territorio argentino y también latinoamericano, soportaron las más terribles torturas sin delatar a sus compañeros y compañeras y entregaron sus vidas en pos de conquistar un país sin explotadores ni explotados.
“Uds no nos matan, nosotros elegimos morir” fue la expresión que utilizó Victoria Walsh, la hija del gran Rodolfo Walsh, casi al fin de un combate con el ejército, rodeados y atrapados en una casa montonera, luchando durante horas y horas contra cañones y helicópteros artillados.
“Soy Norma Arrostito, mi rango es oficial mayor del Ejército Montonero, no pienso darles más información” “acá no se rinde nadie!!!” fue lo que le dijo a sus captores y torturadores la comandante Gaby -Norma Ester Arrostito- quien fuera torturada salvajemente  en la tristemente célebre ESMA, uno de los mayores campos de exterminio de la dictadura militar. Meses de cautiverio y torturas sin entregar ni un solo dato. Hoy sabemos que es una de las tantas prisioneras que fueron arrojadas vivas al mar.
Estos nombres, apenas representativos de miles de mujeres muestran la cara más cruel de la violencia contra nosotras. Violencia a la  que hoy denominamos femicidio, y que en esta generación de mujeres fue implacable por la lucha que sostuvieron en su combate por una causa justa. Los relatos tremendos de las situaciones de tortura y violaciones vividas por las sobrevivientes de los campos clandestinos de detención así lo demuestran.
La mujer argentina durante los años 60 y 70,  trabajó y luchó en esas condiciones y fue madre en esas circunstancias.   Aún hoy estamos buscando a 370 niños nacidos en cautiverio hijos de esas luchadoras inclaudicables.
Y   hoy   mismo,   en   organizaciones   como   la   nuestra   Convocatoria SEGUNDA INDEPENDENCIA las mujeres integramos y conducimos ámbitos enteros. Elaboramos  línea   política   y   la   militamos.  Estamos   hablando   de nuestras compañeras que disputan  y conducen estructuras sindicales y  territoriales   hasta   las   que   la   pelean   en   la   diaria.   La   que   forma ámbitos, construye estructuras de enseñanza y formación, y atiende a los niños  y las niñas de nuestros barrios. Desde el merendero hasta el corte de ruta.
En   este   relato   histórico,   introducimos   casi   al  final   el   término femicidio,  porque pensamos que  si nos trasladamos a través de la historia ése es el término justo para denunciar   la violencia con la que el dominador ha exterminado poblaciones enteras y los vientres parturientos  que podían preservar la resistencia futura.

El concepto de "femicidio" nos permite   desnaturalizar y   nombrar a esta violencia  como lo que es, un crimen. Muchísimos  años de lucha  e   injustísimas   muertes   nos   está   costando   generar   la   conciencia colectiva necesaria  para  de- construir  la  concepción que considera a   la violencia (física, psicológica, económica) hacia la mujer como parte   de   “una   costumbre”   que   pertenece   al   ámbito   doméstico   y privado.   La   mal   llamada   “violencia   doméstica”   es la expresión más cabal del patriarcado en nuestras vidas.
Es parte de un caldo de cultivo donde se forman otras violencias (no sólo contra la mujer, pero siempre contra ella). Por eso creemos que   la caracterización de este tipo de violencia   como un problema   a   resolver   en   forma   individual,   avala   y   promueve   la privatización de  la vida de la mujer e impide reconocer la dimensión social   y   política   que   legitima   esa   violencia sin reconocer   su dimensión real y justa acepción política, esto es, la muerte masiva de mujeres   a   partir   de   sus   concepciones,   sus   ideas,   sus   luchas,   sus objetivos, sus etnias, sus opciones sexuales o de vida.        
Otorgarle   un   nuevo   sentido   al   concepto   de     femicidio    significa  reconocer cuál es  la realidad de hoy en relación a éste y los efectos del   machismo   en   la   vida   cotidiana   de   las   mujeres,   como   así   del patriarcalismo que suele ser el presupuesto para que esto suceda. También implica visibilizar las causas más profundas y  las luchas que las mujeres  llevaron  y llevamos adelante  pagando en forma más que generosa   con  la   vida  la   defensa   de   nuestras   ideas.   El   sistema   de opresión   sabe   que   su   peor   enemigo   es   la   mujer   que   lucha   y   ha encontrado nuevas formas de crueldad hacia el cuerpo de la mujer. A mayores denuncias, mayor vulnerabilidad. Aumento de asesinatos y violencia hacia las mujeres.

NUESTRA PROPUESTA PARA ENFRENTAR LAS  DISTINTAS FORMAS DE VIOLENCIA HACIA LAS MUJERES.
Fue a costa de las vidas de miles de mujeres y hombres como se conformó esta Argentina Capitalista   ligada a los intereses imperiales, y sometida económica y culturalmente a las clases dominantes.
Una Argentina que llevó el  nivel   de   conciencia a  la   edad   de   piedra y en  la   que justamente   por   ello   se   agravaron   las   condiciones   por   las   que   las mujeres   hemos   sido   históricamente   objetos   del   más   tremendo sometimiento en el contexto de la cultura machista y patriarcal que caracteriza a este sistema. Muchísimas compañeras sobreviven bajo verdaderos infiernos de violencia doméstica o familiar en donde sus vidas no valen nada. Cuando además a esto se suma la situación de pobreza, padeciendo doblemente porque a la violencia se añade   la discriminación e indiferencia.
Argentina cuenta con más de cuarenta millones de habitantes de los cuales veinte son pobres, pero alimenta con sus productos básicos a quinientos millones de seres humanos. Esto indica que la riqueza se concentra   en   pocas   manos   y   la   miseria   se   expande   junto   con   el analfabetismo,   la   criminalidad,   la   prostitución,   la   trata   y   el narcotráfico.                       La   desocupación   y   las   injustas   condiciones   de   vida  favorecen  los hechos   violentos   en   el   marco   de   la   vida   doméstica. La   violencia intrafamiliar   posee   un  significado  más   profundo,   que   se  gesta   sin lugar a dudas en una sociedad patriarcal. No sería posible entender lo que hoy ocurre si  no pasáramos revista como lo hicimos a más de doscientos años de Historia.
 Una joven víctima de las redes de trata o del narcotráfico. Una mujer agredida hasta el infinito por su pareja hasta terminar asesinada. Una   niña   violada  (en   este   caso   se   suma   además   la   cuestión adulto céntrica de poder sobre la infancia que coloca a niños y niñas a merced de las situaciones sumamente perversas de sometimiento.) En   cada   uno   de   esos   casos   existen   responsabilidades   directas   o indirectas además de los Estados Nacional, provincial o municipal. De los   diferentes   gobiernos   capitalistas   desde   1983   hasta   hoy.   La mayoría de estas situaciones podrían ser evitadas y sin embargo, no se hace.

Nosotras,   LAS   DIANAS,   nos negamos a reconocer en las diferentes variantes del   Estado   capitalista   la   facultad   de   resolver   el   problema   de   la violencia de género. Nos parece un contrasentido, una incoherencia absoluta pedirle a las Policías, a los/las fiscales, a los jueces y juezas que salven a una mujer agredida. En   primer   lugar   porque   jamás   lo   hacen.   Pero   además   porque entendemos que un sistema como el Capitalismo, el más salvaje de los sistemas de explotación, jamás tendrá jueces, juezas  o fiscales justos. Y menos aún policías o fuerzas de Seguridad al servicio de la Justicia o de   las   explotadas y explotados.   No   es   posible   pedirles   Justicia   a   los   injustos.
Denunciamos que estos estamentos son profundamente patriarcales y   responden   a   los   intereses   de   los   más   poderosos,   por   eso   no creemos que desde ahí podamos atacar el problema.
Las Dianas proponemos a las mujeres de todas las edades y desde la diversidad de las opciones sexuales elegidas,  la organización contra las violencias contra las mujeres.
Proponemos confiar en nosotras mismas, en nuestra Organización y en las diferentes formas de luchas que iremos dándonos contra las violencias machistas.
Proponemos que coordinemos las luchas contra el machismo y el patriarcado. La   salida   de   las   violencias   hacia nosotras,  las   mujeres,   se contrarresta solo con organización política y social. No hay salidas individuales.  No es la denuncia a la comisaría o la actuación de la fiscalía la que nos   permitirá   luchar   por   nosotras contra   este   flagelo, justamente porque son parte del problema.
Proponemos también caminar (con nuestros compañeros varones cuando sea necesario) para usar todo el poder y la fuerza de la organización y la coordinación que seamos capaces de implementar para que no se nos agreda y transformar a  la mujer- víctima en protagonista del  cambio y de la lucha generando desde la organización  las condiciones para  salir del sometimiento y lograr que nunca más las mujeres  seamos  objetivo de  violencia.
Las Dianas entendemos la maternidad como deseo y no como mandato. Una maternidad que no necesite de niños y niñas para la foto familiar que el sistema impone considerándolos parte de los objetos de su propiedad privada. Una maternidad  que  promueva una sociedad sin sometimientos de ningún tipo. Porque   los   niños   no   nacen   violentos   ni   machistas,   ni   las   niñas víctimas  ni  sumisas,   éste es   uno   de   los  cimientos   de   la  sociedad patriarcal,   es   una   construcción   de   esta   sociedad   y   como   toda construcción se puede romper/ deconstruir. Por lo tanto cambiar este mundo está en  nuestras  manos, es no seguir repitiendo los viejos mandatos de poder que nos dicen como relacionarnos siempre desde  la violencia entre hombres, mujeres, niñas y niños. Otra forma es posible y está latente, relaciones basadas en el apoyo mutuo y el bienestar común. Las mujeres tenemos que contarnos muchas cosas, de mujer a mujer, de mujer a niña, de madre a hija, de vientre a vientre y dejar de lado falsas rivalidades. En la vida hay fenómenos y funciones diversas. La diversidad  tiene   que   funcionar   para   que  haya   armonía   que  no   es ningún estado místico sino la sensación de bienestar que produce la vida autoregulada y autónoma. Proponemos   confiar   en   nuestra   propia   capacidad   de   lucha,   de organización y de resistencia.
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Proponemos   no   rendirnos   traspasando   a   policías   y   fiscales   de   un Estado represor y explotador lo que nos corresponde  a nosotras.                                                                                Las Dianas no confundimos el enemigo. El enemigo   es el sistema patriarcal sostenido fervientemente por el capitalismo, sistema social, político, económico y cultural que  es quién tiene el poder. Por ello, proponemos   como   imprescindible   la   construcción   con   las compañeras   y  los   compañeros.
 Descolonizar   las   formas  de   hacer política. La lucha feminista forma parte de las luchas del pueblo.

LA  SOLIDARIDAD DE LAS DIANAS CON LAS MUJERES LUCHADORAS.

 Somos solidarias con nuestras hermanas presas políticas peruanas, varias decenas que llevan más de veinticinco años de cárcel en las condiciones más espantosas imaginables.-Acompañamos a las compañeras luchadoras paraguayas condenadas a largas penas por el solo hecho de ser campesinas y luchadoras. Nos  solidarizamos   también   con   las compañeras mapuche, condenadas por el estado chileno a penas importantes por ser  mujeres, mapuches y luchadoras. También en el sur de Argentina, acompañamos   la   digna   lucha   de  mujeres mapuche   y   militantes   políticas   y   sociales,     perseguidas   por afrontar     injusta   pero   valientemente   “el   armado”   de causas   absurdas   como   medida   disciplinadora   del   sistema   que pretende acallar las voces de reclamo.
Somos solidarias porque somos profundamente internacionalistas, y acompañamos a nuestras hermanas mujeres latinoamericanas en sus luchas y cautiverio. Seamos cada vez más antipatriarcales, luchemos contra el machismo en cualquiera de sus formas, y hagámoslo enfrentando al sistema de explotación y miseria, y a las clases de los poderosos que dominan ala gran mayoría de la humanidad.
Las mujeres podemos hacer eso y mucho más, que es luchar por un verdadero cambio revolucionario de nuestras vidas y del mundo que vivimos.

LAS DIANAS Convocatoria por la Liberación Nacional y Social
Julio 2019

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